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El 15 de enero de 2008 viajé en avión a Stuttgart con mi cliente, el Señor Vincze, para precisar el texto de un contrato empresarial a firmar con una compañía alemana. Desde la sala de espera del Aeropuerto Internacional de Budapest nos montamos en un avión de las aerolíneas húngaras MALÉV. A bordo del avión, las azafatas nos sirvieron con su habitual cortesía el crujiente bocadillo, el chocolate y las bebidas. Tras recibir el trozo de chocolate Balaton y el bocadillo hecho en Budapest, suponía que me iban a entregar la cerveza de un fabricante húngaro, pero no ocurrió así. Me dieron un Zlaty Bazant, es decir un Faisán de Oro que siempre me había gustado, pero me parecía extraño que aerolíneas húngaras no nos servía productos húngaros a bordo de su avión. El día siguiente terminamos con éxito nuestra misión, precisamos los puntos del contrato, aclaramos los temas pendientes y formalizamos el texto definitivo. Volvimos a Hungría a bordo de un avión de Czech Airlines y junto a las hélices del avión sentimos muy de cerca los primeros rayos del sol saliente. Por delante de mí, en el reposa-cabezas del avión, encontré una publicidad de Skoda Fabia. Las sonrientes azafatas, después del café y los bocadillos, nos servían la cerveza nacional checa Pilsner. Y yo me quedé pensativo: ¿por qué las aerolíneas checas promocionan un coche y una cerveza nacionales y por qué ocurrió todo lo contrario a bordo del avión de las aerolíneas húngaras MALÉV? ¿Es posible que para promover y vender mejor los productos húngaros no basta un buen marketing, sino también un cambio de mentalidad?

Benedek Lipták
Intérprete y traductor titular
Gerente