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En nuestros días nos sentimos cada vez más como Mitch en el libro de “La Tapadera” quien debía correr por su vida. Parece que hoy debemos solucionar todo muy rápido, incluso cuando no estamos seguros del por qué. Todos están ocupados, todos corren – por lo tanto, nosotros también debemos hacer lo propio.

Existen sin embargo algunas situaciones cuando merece la pena detenerse y esperar. Por ejemplo:

[cml_media_alt id='8818']wein[/cml_media_alt]

-se deja madurar los buenos vinos durante varios años
[cml_media_alt id='8819']kostlich[/cml_media_alt]

-no es posible preparar una excelente cena en un horno de microonda
[cml_media_alt id='8820']baum[/cml_media_alt]

-un nogal que da mucha sombra no crece de un día a otro

¿A caso las traducciones constituyen una excepción?

Aunque nuestro récord hasta ahora ha sido la traducción de 149.000 letras (cerca de cien páginas) de un día a otro, es conveniente dejar suficiente tiempo para traducir un contrato o del extracto de unos estatutos sociales.

Bien, ¿pero cuánto tiempo?

Como el traductor es el segundo autor, es conveniente dejar la misma cantidad de tiempo para traducir unos estatutos sociales o un extracto y para encontrar los términos que no están en los diccionarios, que lo que se necesita para preparar el texto original.